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El poder de la comunicación ahora siempre

gestion del miedo
A veces el miedo nos paraliza y no nos deja ver el horizonte con claridad. Nos encontramos en una época de incertidumbre, bajo la amenaza de una pandemia mundial y abrumados por la desinformación. Es momento de parar, respirar y relajarse.

¿Los speakers nos ayudarán con todas las montañas de emociones que tenemos y tendremos?

Ahora más que nunca, la figura del speaker toma una relevancia absoluta.

Se trata de transmitir, de comunicar, de hacer llegar el mensaje de esperanza, de optimismo, de que “esto también pasará”, en definitiva, un mensaje de Fe en nosotros mismos, en nuestra capacidad de adaptación y mejora constante, en nuestro poder interior para salir de cualquier atolladero.

Tener el honor y la tremenda responsabilidad de transmitir desde un escenario en estos momentos, es un regalo indescriptible.

Y somos los Speakers, los que podemos alentar, ilusionar, potenciar, impulsar a los distintos equipos para que mantengan el rumbo, para que no decaiga el empuje y para enseñar todos los recursos de los que el Ser Humano dispone para seguir adelante.

No se trata de dar mensajes vacíos sino mensajes llenos de alma, de espíritu de colaboración, de solidaridad, de que “todos unidos lo conseguiremos”. Se trata de hacer un llamado a esa fuerza interior que todo Ser Humano tiene para luchar contra las adversidades, para unirse con otros y crear soluciones, para pensar en cómo llegar mas lejos, más rápido y mejor.

Los speakers somos la Voz. Personas dispuestas a poner toda su experiencia y aprendizaje al servicio de los demás para aportar lo mejor de nosotros mismos y provocar un cambio de conciencia o paradigma mental que nos permita acceder a otro grado de soluciones.

¿Qué harías tú si perdieras tu trabajo y tus negocios?

De hecho, en mi caso, he perdido todo mi trabajo. Mi agenda está completamente en blanco de aquí en adelante.

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Y esto es bueno.

Sé que suena raro, sé que suena a loco, pero ¿cuál es la alternativa?

Ya pasé por pensar que era un desastre, ya pasé por pensar “Dios mío y ahora ¿qué?” y de nada sirve salvo para arrastrar mi espíritu a las tinieblas del alma.

Por lo tanto decido pensar distinto. Decido pensar en la vida, no en la muerte. Decido ayudar a otro porque así me ayudo a mí mismo. Decido participar y no quedarme mirando. Decido ser un jugador en el terreno de juego y no un espectador en la grada.

Y decido pensar que esto está bien, que es bueno, que es una oportunidad para poner al día todas mis conferencias y actualizarlas al máximo para cuando empiece de nuevo a impartirlas, sean todavía más poderosas, más potentes y lleguen más profundo al alma humana.

Que es una oportunidad de terminar de escribir mi libro.

Que es una gran oportunidad para leer esos libros para los que nunca había tiempo, para pensar y reflexionar, para aprender y elevar mis criterios, para, en definitiva, prepararme más y mejor para cuando todo esto pase, que pasará, y salir al mundo a seguir tocando el alma de las personas, y aportando todo mi conocimiento para impulsar su desarrollo y el de sus organizaciones.

¿Cómo gestionaremos nuestros miedos para salir de esta situación de pandemia?

El miedo es algo natural en el ser humano, nos hace estar alerta, nos hace evitar peligros, nos mantiene vivos.

El problema es cuando el miedo se transforma en pánico y nos bloquea, tanto físicamente, como psicológicamente. Ese es el riesgo.

Paradójicamente, el antídoto del miedo es la apreciación, la gratitud.

Bioquímicamente, el miedo hace que nuestras glándulas suprarrenales segreguen Nor-Adrenalina, que es la que hace que aumente nuestro ritmo cardíaco, que se tensen los músculos, que aumente nuestra fuerza, que comencemos a sudar cuando sentimos miedo. Y nos prepara para atacar o para huir. Para enfrentar el problema de cara luchando o para salir corriendo… y correr lo más rápido posible para escapar de la amenaza.

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¿Pero qué ocurre cuando el miedo se despierta dentro de nuestra casa, por una incertidumbre exagerada sobre nuestro futuro?

¿A dónde vamos a ir corriendo?

¿De qué huimos exactamente?

No hay salida. Por ello se dispara la tensión emocional y saber gestionar nuestras emociones se vuelve, no importante, sino vital.

Y la respuesta está en la GRATITUD.

Bioquímicamente al sentir, al expresar, al dejarnos inundar por la emoción de la Gratitud, nuestro cuerpo produce el antídoto de la Nor-Adrenalina, que es una mezcla de Acetilcolina con GABA muy activado y entonces pasamos de la duda a la calma, de la ansiedad a la tranquilidad y podemos comenzar a optar por sentir paz.

Siempre, bajo cualquier circunstancia, podemos sentir Gratitud. Es una decisión personal.

¿Y por dónde empezamos?

Todo está en la percepción. En el significado que le damos a los acontecimientos. Por ello, siempre, el punto de inicio es nuestro enfoque mental.

Pensar en soluciones, en ayudar, en participar, en apoyar. Dejar de pensar en nuestro ombligo para ponernos al servicio de los demás. No ser un estorbo, sino una herramienta que los que saben más que nosotros puedan usar para el bien común. Enfocarnos en nuestro espíritu humano de lucha y ayuda mutua. De esta forma encontraremos la tolerancia, la flexibilidad, la empatía necesaria para resolver esta y cualquier crisis de la mejor forma posible.

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