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Diario económico

Tambores de Zendal en un desierto de odio y populismo

Hospital Isabel Zendal

Algunas veces en la vida el cielo se cubre totalmente. No dejamos pasar la luz y vivimos al segundo, sin analizar los motivos por los que las nubes son negras, o el mar está en silencio expectante en la oscuridad. Y se debe a que se acerca la gran tormenta.

España es un país con una historia única, peculiar, complicada, llena de grandes personaje que, en demasiadas ocasiones, han creído que la única verdad era la suya, y han intentado imponerla sin calibrar las consecuencias.

Ahora se intenta cambiar esa historia, los logros de convivencia logrados, las cesiones que las distintas partes de esa gran amalgama han asumido durante siglos, y las últimas décadas, para sustentar el futuro común en paz.

Después de ser un ejemplo internacional en cómo superar una guerra civil -repito, una guerra entre hermanos con barbaridades por las dos partes-, una dictadura, una transición, un pacto de caballeros -con fallos que podría revisarse desde el consenso motor-,  y la consolidación de un estado autonómico… nos acercamos sin frenos a otro muro de nuestra historia.

En un escenario en el que distintas versiones de populismo, ante los fallos existentes, acampaban por los campos de España. En muchas ocasiones alimentándose del odio y la intransigencia que está presente en nuestro ADN, …. apareció el COVID.

España es diferente al resto de países. No es ignorancia. Es un hecho. Nuestra sociedad ha vivido en una Europa occidental y de desarrollo mientras sufría los arañazos medievales y, como muy modernos decimonónicos,  de un terrorismo asesino, enfermo. Con careta de libertad convertido en una mafia para que sus dirigentes –y ahora calificados como hombres de paz- pudiesen vivir bien y hacer el animal en un paraíso de adrenalina que, en el fondo, es el que alimentaba sus enfermas mentes. Mientras convivíamos con ello sin sobre-reaccionar.

Parece que se pasó esa etapa. Y en este puzle que es España de competencias, administraciones, pseudo-intelectuales de universidad y teorías, clases sociales que se creían dueños de algunos de los poderes del Estado, falsos defensores de la libertad, que sólo aman su retrato de Dorian Gray y engañaban a votantes ignorantes en un sistema en el cada hombre no es un voto real….entramos en un pandemia.

En una jungla de declaraciones sin lógica, en posicionamientos y argumentos en el que acusas al rival de lo que también haces tú,  en el que muchos van de ejemplo y de luchadores ante la casta, cuando lo que tienen es una caspa sobre y dentro del cerebro que no se quita con champú …aparece el Zendal.

Es fácil criticar cómo se tira el penalti desde la grada, o desde el sofá de tu casa mientras miras un partido, entre serie y serie. Es fácil desacreditar al que no hace “lo que se ha hecho siempre” ante una situación totalmente desconocida y, no nos olvidemos, que no deja de mutar y sorprender.

Puedes internar analizar las medidas tomadas para no desnudar un santo y vestir otro, puedes pedir que el gobierno central haga lo que tiene que hacer según la Ley de Sanidad Pública en una epidemia, puedes hacer lo humanamente posible para intentar salvar vidas, y no bloquear el sistema, ni llevar a la población a la pobreza. Pero hagas lo que hagas, se te criticará si eres de un color. Hagas lo que hagas…

¿Tan difícil es entender que en esta situación NO ES EL MOMENTO de seguir diciendo tonterías políticas y enviando mensajes vacíos de contenido real, pero que son asimilados y aplaudidos por vuestros votantes de secta?. 

¡¿No podéis parar?¡. He sido paciente del Zental, tras ser trasladado desde mi ingreso en La Princesa. Y por contar lo que he vivido, y visto, parece que nunca he estado enfermo, ni he tenido el bicho, ni tengo los pulmones con neumonía. Ha sido todo una operación orquestada para que mi voz sea la de los demonios especuladores que sólo piensan en el dinero, y no en las benditas gentes de bien que son maltratadas y engañadas por el sistema. 

He visto un centro preparado para luchar contra algo que desconocíamos. He visto gente asustada llegando en ambulancia por los bulos que se decían fuera sobre el hospital, sus trabajadores y sus medios. He visto al personal sanitario, de limpieza y logística vivir con pasión y vocación con los enfermos las distintas circunstancias que se producían. Animando, mimando, dando seguridad, vigilando, apoyando …

Pero estamos en un mundo hiper-conectado e hiper-comunicado. Los móviles y dispositivos –que por supuesto no han quitado a nadie- servían para que sobre las camas –de los enfermos que podían según su estado- hablásemos con las familias. O algunos con otros familiares ingresados en otro pabellón y que no podían ni andar por los pasillos acotados y organizados. Esos por los que paseabas para evitar trombos y distraerte algo mientras tu cuerpo mandaba señales de cómo evolucionada con los pasos.

¿Y que llegaba desde fuera a los smartphones de estos enfermos?: Que si todos los sindicatos médicos están en contra del centro, que si a los trabajadores se les obliga a ir allí y no hay voluntarios, que si la medicación no es la suficiente, que si te vas a infectar más debido a que no hay intimidad, que se están cargando la sanidad pública por dar dinero a las constructoras, que si es un hangar para aparcarte….

¿Tan limitadas son algunas mentes que no son capaces de entender que más de medio millar de pacientes asustados en una guerra contra lo desconocido os están escuchando? Han puesto el rumbo de su recuperación en apasionados y profesionales capitanes y marineros de la embarcación que les lleva hacia la luz.

No necesitan que los desagradables alientos de algunos gritos populistas, y nacidos de la ignorancia más ruin, provoquen aires que desestabilicen sus embarcaciones o siembren la más mínima duda.

No sé si ha habido sabotajes y actos que espero, cómo muchas cosas, acaben en condenas. Si algún trabajador con el que hablé lo sabía, jamás hubiese permitido que un enfermo dudase de nada y se creyera que podían haberle afectado. Del mismo modo que la evidencia y el control en el modo en el que te servían las comidas hacía que “dudases”, muy mucho, de las campañas de “moho” en alimentos difundidas por redes y políticos tan imberbes en su aspecto como en sus razonamientos.

Sólo pido una cosa. Dejad trabajar a los que allí se están dejando la piel por salvar vidas. Dejad de hacer política y de vender humo en esta situación. Mostrad algo de dignidad y respeto por trabajadores y enfermos. Si hay algo que se ha hecho mal, o ilegalmente, saldrá. Pero, por favor, intentad no manifestar vuestro odio en la sangre si afecta a tantos miles de familias. Algunos no nos vamos a callar contando lo bueno que hemos visto y dando las gracias. Aunque otros prefiráis camas en pasillos de grandes hospitales no hechos para esta lucha con tal de criticar. ¿No podéis esperar?

Andrés Dulanto. Periodista, consultor de Comunicación y agradecido al sistema sanitario.